Mendetz

MENDETZ nació en 2003 en Barcelona. Un grupo de amigos con gustos musicales bastante parecidos que disfrutan como niños en su estudio probando y jugando con sus aparatos. Se definen como artesanos de lo robótico. Les gusta encontrar y exprimir al máximo el lado humano de la electrónica. Tras su éxito en el underground “maquetero”, en 2006 publicaron su primer disco, Mendetz (Sinnamon Records), con el que estuvieron dos años de gira (más de 100 conciertos) con enorme éxito de crítica (en prensa española y extranjera – “band of the day” en The Guardian) y público, estando presentes en los principales festivales (Summercase, Creamfields, BAM, Metrorock, Sonorama…) y saliendo del país para tocar en Inglaterra, Italia y hacer sendas giras en México.

En 2010 reeditan su segundo disco, Souvenir, de la mano de MusicBus / Warner Music Spain, un disco profundo, con matices, capas, colores y texturas, luces de neón, playas y camisetas de recuerdo, que rememora abiertamente la vena más fluorescente y discotequera de los ochenta pero en forma de homenaje sincero, maduro y pensado. Souvenir es la respuesta a todo lo anterior, un disco que sitúa a Mendetz en el lugar que se merecen, que no es otro que a la cima de la música de baile hecha en este país, y todo gracias a un laborioso trabajo de meses en su estudio casero, y a un posterior viaje a París para grabar con el productor del United de Phoenix.

SILLY SYMPHONIES

Este era el nombre que recibieron los primeros cortos de animación de Disney, piezas experimentales que en su momento no gozaron de mucho éxito, la mayoría de ellas musicales. Con una similar libertad, exenta de complejos, se abrieron paso estas pequeñas sinfonías, hechas de sonidos nuevos y viejos, capaces de dar mil giros y vuelcos, hasta volver de nuevo a esa primera idea ingenua, natural, sincera y poderosa que es la música de Mendetz.
Confiar en el efecto de la primera idea. Agarrarse a ella y no cansarse. Esa es la premisa primordial que ha elevado las diez canciones de Silly Symphonies, el tercer disco de Mendetz.

Después de sacar sus Casio del trastero y presentarse al mundo con aquel debut homónimo y esperanzador, “Mendetz” (Sinnamon, 06), y adentrarse luego en el sinfín de paisajes eléctricos de “Souvenir” (Sinnamon – Music Bus, 09), los Mendetz de esta nueva década realizan un ejercicio de introspección orientado al rock electrizado y al pop luminiscente. La trayectoria de “Silly Symphonies” se describe como el avance de una flecha, donde cada canción vuela a través del eje melódico que dibuja una voz imperiosa, más un afilado riff de guitarra o sintetizador.

Stefano Maccarrone (guitarra, voz), Jan Martí (teclados, voz), Pablo Filomeno (batería) y Oriol Francisco (bajo) han querido ser más directos y sinceros que nunca, honestos como si no hubiera un mañana. Con el fin del mundo a pocos giros de calendario, para Mendetz esta es la oportunidad para hacer eclosionar sus inspiraciones más primigenias. Por eso estas canciones respiran una emoción que corta el aliento. Para darles forma, la banda se hizo fuerte en su nuevo cuartel general: Abuelita Studios, local de grabación profesional regentado por Stefano junto a David González. Con Stefano haciendo labores de productor, la banda experimentó hondamente, dándole vueltas a cada canción para siempre volver a la primera idea: un sonido de local, orgánico, directo, que apela a la melodía. Así nacieron las canciones más sentidas, expresivas y crepusculares de Mendetz.

El álbum se abre con el seductor Apocalipsis que propone “2012”, una gema dance que orbita al borde de la conciencia, con sintetizadores que anuncian juguetones el último de los días, entre coros aterradores y un estribillo ciclotímico contagioso. “Plasticine” se abre en un universo de psicodelia infantil, con el pulimento sonoro de The Faint o Daft Punk. La elegancia sonora de “Phantotheque” y el candor pop del primer single del disco, la atemporal “Hap your clands”, describen horizontes de surrealismo electrónico, capaces de prender cualquier imaginación. La energía de gimnasio de “Spam” se acelera en torno a las peculiares proclamas de su letra, mientras que la euforia ocre del estribillo de “Tie-break” nos envuelve en ensoñaciones new wave y “Between sleep and awake” aúna los coros y guitarreos lisérgicos de Queen con el músculo electrónico de Justice. Este es además el disco que alberga la primera balada de Mendetz, “Laudrup”, una canción triste, muy triste, inconsolable. Pero si hay una pieza que explica como ninguna la historia de Silly Symphonies, esa es “Escalera”, cuyo título emerge de la palabra que parecía pronunciar por sí sola una línea de sintetizador. Para culminar esta ráfaga de esquizofrenia veraniega, Mendetz cuentan con la colaboración de Gala Rizzato, la estrella del eurodance que encumbrara “Freed from desire”, tema versionado en los repertorios de directo de Mendetz. “Escalera” es la historia de un bonito sueño hecho realidad.